El movimiento "Barista con V" pone en jaque a la RAE y a la Administración Pública

El movimiento "Barista con V" pone en jaque a la RAE y a la Administración Pública

Barista con “V”. No, no es una falta de ortografía. Sí, puede sonar ridículo, pero es el lema elegido por Juanma Cafeína con el propósito de dignificar la profesión en una iniciativa que ya goza de un amplio apoyo por parte de la comunidad barista y que sigue la trayectoria marcada por otros profesionales del sector como Óscar Solorzano, quien ya ha enviado su segunda carta a la RAE pidiendo que incorporen el vocablo en el diccionario.

Pero Barista con “V”, ¿por qué? Básicamente porque no se trata de una falta de ortografía, ya que la palabra “barista” (con B) aún no se encuentra reconocida en el diccionario de la RAE. Tampoco lo está en otros diccionarios como el de Fundéu BBVA, donde si podemos encontrar palabras de la misma familia como “sommelier”, “sumiller” o “barman”.

Pero realmente este asunto va mucho más allá de un mero tecnicismo,  y es que los baristas tampoco tienen un grupo profesional propio, como sí sucede con Barman y Sumiller, que actualmente están reconocidos en la Hostelería el Área Funcional Tercera (Restaurante, Sala, Bar y similares) dentro del Grupo Profesional Nº2.

¿Y es relevante tener un grupo profesional propio? Técnicamente, sí, y mucho. Los grupos profesionales son los que describen las funciones que deberá desempeñar un trabajador en un puesto determinado, incluyendo las tareas que corresponden, responsabilidades, conocimientos requeridos, etc. Al mismo tiempo, los grupos profesionales son útiles a la hora de  hablar de negociaciones colectivas y convenios laborales.

Teniendo en cuenta todo esto, ya nos podemos imaginar qué es lo que supone que los baristas no tengan un grupo profesional propio: por un lado, sus tareas van a quedar indefinidas dentro del amplio abanico de funciones de los “Camareros” o “Barman”  (grupos que más se le asemejarían); por otro lado, tampoco hay ningún convenio que pueda proteger específicamente al gremio.

Entonces…

Realmente, hasta el momento, ya hemos vivido en España varias iniciativas para que la categoría barista se reconozca tanto en la RAE como a nivel profesional.

Según explica Alex Rodríguez, especialista de café para el grupo Baqué, Fórum ya hizo la solicitud al Ministerio de Educación y al Ministerio de trabajo en 2012 para que la figura Barista estuviera contemplada en INCUAL, una vez aprobada sería publicada en el BOE como Certificación Profesional.

Sin embargo, el tiempo no ha jugadoa favor de los profesionales del sector, que desde el año 2012 han recibido muy pocas o ninguna noticia al respecto (y todas de carácter informal).

Posteriormente, en 2018, el barista riojano Óscar Solorzano solicitó a la RAE (a la letra B y b) que incluyesen en el diccionario la palabra Barista. La respuesta fue rápida (básicamente contestaron que sí, que estudiarían el caso), aunque un año más tarde seguimos sin saber nada sobre si se va a incluir o no (en realidad “Barista” no estaba entre las últimas palabras aprobadas por la RAE), lo que ha llevado a Solorzano a enviar una nueva petición.

[CONSULTAR LA CARTA 2018 DE ÓSCAR SOLORZANO A LA RAE]

[CONSULTAR LA CARTA 2019 DE ÓSCAR SOLORZANO A LA RAE]

El rastro se pierde aquí. Tampoco hay más información sobre si Fórum o la inexistente SCA España han invertido mayores esfuerzos en dignificar la profesión barista (que no se haya dado difusión a esta información no quiere decir que no lo hayan intentado, aunque desde luego ha sido de forma infructífera).

Sí que se están vertiendo muchísimos esfuerzos en intentar incluir asignaturas relacionadas con el café dentro de las escuelas de hostelería, al mismo tiempo que sigue incidiendo en la formación barista pura y dura dentro de los centros homologados por SCA o por Fórum, pero sigue sin ser suficiente.

Y sin embargo, mientras las instituciones se desentienden por completo del tema, medios de comunicación, sociedad civil y la tendencia mundial revelan lo que todos sospechamos: la comunidad Barista tiene una identidad propia, un conocimiento exclusivo, una forma de hacer las cosas única y cumple todos los requisitos para existir al margen de otras categorías profesionales y, como poco, con un vocablo propio en nuestro idioma.

Bajo este prisma, resulta muy difícil de entender que aún estemos debatiendo si la palabra “Barista” existe o no existe en castellano, cuando se trata de un término cuyo uso comenzó en España hace casi dos décadas y lleva ya plenamente normalizado los últimos diez años: sin comillas, sin cursiva, con toda la naturalidad el mundo.

Eso sí, mientras seguimos pelando para poner en valor la profesión, no hay nada que nos impida decirlo: hasta que no se nos reconozca, Barista será con “V”.